Internet de las cosas (IoT) es el futuro de la tecnología. Aunque pueda parecer muy futurista, la conexión de todos y cada uno de los aparatos que utilizamos está revolucionando el mercado tecnológico y adentrándose poco a poco en nuestra vida cotidiana. Lavadoras, placas de inducción, camas y muchos otros objetos ya se comunican entre sí a través de Internet o vía M2M (Machine to Machine), con el único fin de mejorar nuestra calidad de vida gracias a la tecnología.

Todos los datos que producen los objetos de IoT circulan por Internet para comunicarse con otros o para almacenarse en algún servidor y utilizarse posteriormente. Por ejemplo, un termostato puede almacenar la temperatura en un servidor y utilizar esos datos para activarse él mismo mediante IA o puede mandar alertas sobre la temperatura ambiente al móvil de un usuario.

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A parte de comodidades, IoT trae consigo una larga discusión sobre hasta qué punto los aparatos pueden recoger y transmitir ciertos datos sensibles. En muchos casos, los usuarios y algunas entidades han denunciado a las empresas por una supuesta mala gestión de estos datos. ¿Hasta qué punto IoT atenta contra la privacidad de los usuarios?

El vibrador inteligente

Este es un caso que ilustra muy bien las barreras que los aparatos de IoT nunca deberían sobrepasar. Una mujer ha denunciado al fabricante de su juguete sexual por recoger todo tipo de datos sobre el uso de este: ritmo, tiempo del acto, etc.

El juguete se controla directamente a través de una App para Iphone, tal que el usuario puede configurar por completo el vibrador. Para ofrecer una mejor experiencia, la empresa del juguete recogía (a través de la App) todos los datos sobre los actos, pero no de forma anónima, si no que se guardaban enlazados con el nombre de la persona.

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Esto es un problema ya que, normalmente, las personas que utilizan juguetes sexuales lo mantienen en el más íntimo secreto. Incluso las empresas que venden material erótico se esfuerzan para que los envíos de los pedidos resulten de lo más común posible sin que nadie se entere de lo que el usuario está comprando.

Bajo estas premisas, es normal que haya multitud de demandas por una supuesta violación de la privacidad del usuario. El problema no se queda ahí, ya que no importa solo que la empresa sepa el uso que le das a tus juguetes sexuales, si no los posibles escándalos que podría ocasionar esa información si alguien la descubriera, a través del hacking o de alguna filtración.

Este es y será el eterno debate sobre IoT, o al menos hasta que se delimiten legalmente las fronteras sobre qué información pueden recoger los dispositivos y cual no. ¿Qué opináis sobre IoT? ¿Lo ves útil? ¿Debería regularse? ¡Esperamos vuestras respuestas!

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