El puente de Forth en Escocia, más conocido como Forth Bridge fue un revolución arquitectónica que empezó a idearse en 1873 y no terminó de construirse hasta 1890. Hoy a parte de contaros brevemente su historia os dejamos una imagen que sostuvo – nunca mejor dicho – que el puente funcionaría.

Una longitud increíble para la época de 2,5 kilómetros a 46 metros de altitud enlazaba a través de una vía ferroviaria dos zonas de difícil y peligroso acceso – en aquella época -. Tal es la importancia del Forth Bridge que en julio de 2015 se nombró candidato a ser Patrimonio de la Humanidad al ser una de las construcciones más emblemáticas de Escocia. Que esta mega-estructura funcionase fue tan importante que a día de hoy se le sigue considerando una obra maestra de la ingeniería, ahí es nada.

Y con esta breve introducción os dejamos la imagen que cambió totalmente la “dirección” que iba a seguir el puente, dado que se cambió por completo el diseño inicial tras esta comprobación en 1887.

forth-birdge-1887
Ingenieros: “Aquí probando que funcionará nuestro diseño”

¿Y ya? ¿Con esta imagen se lanzaron a hacer el puente? Si y no, dado que esta imagen confirmaba los cálculos que habían dado como resultado este diseño. Con esta estructura improvisada se dio pie a la idea que plantearon los ingenieros. La carga aguantada por “el puente” era soportada gracias al reparto de tensiones y compresiones ejercidas entre las cuerdas, sillas y ladrillos.

Todo esto se aplicó a gran escala y ahí está, aguantando el paso del tiempo. ¿Qué os parece?

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