“Hemos metido la pata completamente”, esta frase es de Michael Harn. Para los que no lo conozcan, es el jefe de Volkswagen en Estados Unidos. Y seguramente será una de las frases que pase a la historia en el mundo empresarial. ¿Por qué?

El principal fabricante de automóviles del mundo, ha reconocido que 11 millones de coches podrían estar equipados con un programa trampa que utilizaron para engañar a reguladores y usuarios sobre las emisiones contaminantes de sus coches diésel.

Tras este anuncio, VW reservará más de siete mil millones de euros para cubrir los costes de la mayor crisis de su historia e intentará ganarse de nuevo “la confianza de nuestros consumidores”. Este martes, los títulos de la empresa habían caído un 20% en bolsa, superando el 19% del lunes.

Por si fuera poco, los directivos podrían enfrentarse a acusaciones criminales en Estados Unidos. “Hemos roto la confianza de nuestros clientes y del público aquí, en Estados Unidos”, reconoció Harn. “Seamos claros: nuestra empresa ha sido deshonesta”.

Según EPA, Volkswagen utilizó un programa que activa los controles de contaminación cmompletos solo cuando el coche es sometido a un control de emisiones. Es decir, que estos coches emiten entre 10 y 40 veces más que lo permitido en Estados Unidos. Algo muy grave teniendo en cuenta que se vendían como “vehículos eficientes y respetuosos con el medioambiente”.

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